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Un camino recto hacia el sol.

¿Qué tal si existiera un camino recto hacia el sol? Un camino sin sombras ni tropiezos, sin grandes escalas, sin colinas; solo llanuras que lleven directamente al destino: el sol. ¿Nos motivaría caminar aún sabiendo donde llegaremos? ¿Valoraríamos acaso la luz? ¿Sabríamos lo que es la oscuridad? Una línea recta, de esas que puedes recorrer a gran velocidad suena fascinante cuando venimos de un mundo donde el tráfico, las rutas, los retos, la espera, la paciencia; todo, absolutamente todo, requiere de aumentar y disminuir la velocidad constantemente.

Imaginemos un camino sin obstáculos, tan plano pero tan plano como el vientre de una joven en pleno apogeo, tan plano como una tabla de planchar, tan plano como los planos ¿Sería atractivo? Casi siempre pareciera esto ser más atractivo a la vida que vivimos pero si realmente nos detenemos a pensar en ello ¿Qué sentido tendría la vida si supiéramos todas las respuestas? ¿Qué motivación habría si el destino final, allá en el Norte se puede ver claramente? ¿Cómo saber lo que es luz si no hay oscuridad? Ese es el punto; que a veces quisiéramos estar siempre andando en la claridad, sin pisar piedras, sin subir colinas y mucho menos caer por una ladera.

Un camino recto hacia el sol suena idóneo para esos días donde queremos respuestas rápidas, donde la impaciencia se apodera de nosotros, las situaciones nos agobian, cargamos el pasado y el miedo al futuro comete homicidio matando el presente. Un camino recto hacia el sol deja de ser idóneo cuando nos damos cuenta que lo que nos mueve es precisamente la incertidumbre al caminar; porque de existir un camino recto, plano y perfecto aseguro que nosotros mismos nos encargaríamos de romper con tanta estabilidad simplemente porque somos seres de constante movimiento.

 

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A letter for the bad days.

Dear bad day:

I know it’s messed up I talk to you from a good day, it’s selfish and you probably think I won’t understand you but I’m telling you this for your sake: you won’t live forever. I know it feels like you have no end, like you keep getting worse each passing hour but I’m telling you this for your sake: you won’t live forever. I know, it’s not good to make comparisons somehow you’ve taught me that but unlike you, good days like me have a special way of sticking in people’s minds and endure throughout time while days like you, are not remembered in the same way, they are somehow abandoned somewhere inside the brain and good days like me, we are kept not only in the brain but also inside the heart.

So I’m telling you this for your sake even if it sounds too ego centered from a good day like me: you won’t live forever. Bad days like you are wannabe’s since you are not as bad as you think you are, you somehow leave a lesson and even though you make yourself blind towards all beautiful things in life, they will keep on existing, no matter how ugly you get. Days like me are honest and transparent because you can’t really fake happiness while days like you are sometimes a result of what people do to hurt others without any compassion and some other times days like you are just a result of the battle everybody carries inside their bodies but somehow you won’t live forever. I’ll tell you a dirty little secret: I’m not going to live forever either because you and I, me and you, we are team and only the outcome of the both of us has the power to live forever.

Our outcome can make history, our outcome can go on from one generation to the other, our outcome can build men and women’s character because they’ll take us as inspiration towards the best version of themselves, our outcome is greater than what we are individually; together, united, we have the power to turn lived time into an asset, no matter who’s turn it is (bad day or good day); we know for sure we won’t live forever but the result of the both of us can stick around for centuries it only depends on those who live us.

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Pásala.

¿ Y si viéramos la vida como una antorcha?

Si nos detenemos a pensar en el tiempo, nos daríamos cuenta de que todos tenemos un límite; si pensamos solamente en vivir el momento entonces quizás el mañana ni siquiera estaría en el mapa. Me pregunto qué tal fuera la vida si la viéramos como una antorcha, una que se enciende en cada uno de nosotros y su fuego nos da vida pero esa antorcha tiene un propósito: pasar a otras manos.

Nuestro paso por la tierra es pasajero pero aún sin nuestra existencia ella seguirá su curso y otras generaciones vendrán ¿Qué queremos dejar a dichas generaciones? ¿Pasaremos la antorcha con orgullo?

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Nuevo año, nuevas metas.

Mientras tú y yo pensamos en aquello que queremos lograr, hay muchas personas cuyas circunstancias no les permiten trazarse metas. Quizás pueden trazarse metas porque eso es algo inherente en un ser humano, pueden soñar porque es gratis pero no se les permite porque no tienen voz, porque no tienen apoyo, porque están presos en su propia vida y porque cada día se levantan con la esperanza de subsistir. El otro día avisté un señor de edad avanzada, cuyos piececitos a penas podían dar un paso más y en su mirada profunda y café, ví una preocupación inmensa que me hizo pensar en mis abuelos, en mí, en mis oportunidades, en la vida… ¡Por Dios! Era 31 de diciembre y yo estaba pensando en qué ponerme, cuáles serían mis metas del próximo año ¿Y este señor? Seguro ni había comido a las 5 de la tarde mientras yo me había pasado el día cómoda con una cama, techo y comida que para mí son normales tener pero para otros sería un lujo total.

No quiero que cuestiones por qué el mundo es como es porque cuestionarlo no es solucionarlo, quiero que este nuevo año entre las metas de todos esté ayudar, apoyar y desarrollar a aquellos que por culpa de la avaricia y el egocentrismo de muchas personas a lo largo de la historia, no tienen oportunidades aunque quieren tenerlas porque aunque es cierto que lo que nos proponemos lo logramos, no es igual cuando alguien es marginado de la sociedad y cuando lo mínimo para vivir ni siquiera está garantizado. Este año seamos solidarios ¡Ofrezcamos una mano amiga! y seamos agradecidos por la gracia con la que hemos sido concedidos.

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Incertidumbre

No hay nada más incierto que respirar y esa incertidumbre puede empujarnos o puede retractarnos;  compilaciones de sentimientos diarios que nos hacen cuestionar nuestra dirección. ¿Hacía dónde voy? ¿Qué hago aquí? ¿Qué quiero? ¿Qué espero? ¿Qué sueño?

Incertidumbre es estar vivo y estarlo al margen de lo desconocido, incertidumbre es querer alcanzar las estrellas y conformarte con tocar el techo porque alcanzar las estrellas parece imposible, porque no te crees capaz o porque tienes tantas emociones y sentimientos mezclados que optas por no hacer nada.

Incertidumbre es el tiempo que pasa rápido y camina lento ¡Qué ironía! es tener prioridades, gastarlo y a veces ni saber por qué lo gastas en lo que lo estás gastando, incertidumbre es no querer renunciar y empujarte a hacerlo. Incertidumbre es amar y no poder querer, incertidumbre es no saber qué hacer.

 

 

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(Calle El Conde, Zona Colonial en Santo Domingo, República Dominicana).

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#HazlaSonreír

«Hazla sonreír» surge como una idea que tuve de pronto un día. Quería agradar a mis compañeras de universidad, hacerlas sentir especiales sin motivo alguno, simplemente porque entiendo que se lo merecen, porque son jóvenes extraordinarias y porque muchas veces ni ellas mismas se dan cuenta de todo lo que valen entonces, a partir de esa idea de llevarles «un detalle» pensé en flores. Es extraño que a una mujer no le gusten las flores ¡Le puede gustar el futbol y los videojuegos y las flores también! Entonces decidí documentar este día y utilizar esas fotos como muestra de un experimento social. Para agradar una mujer no se necesita de grandes inversiones, sólo se necesitan detalles. Detalles que signifiquen mucho para ella, si es una mujer a la cual no le gustan las flores entonces regálale algo de manera inesperada que parezca pequeño y sencillo pero que tú conoces que le agrada. Yo elegí flores para mis compañeras porque entiendo que es lo que le gusta a la mayoría pero las flores no son el punto ni el eje central de esta iniciativa. El eje central de esta iniciativa es: agrádala cualquier día.

No te canses de agradarla, las mujeres somos detallistas por naturaleza. Los hombres piensan que necesitan de millonadas para conquistarnos y no es así. Creo que los detalles enamoran más y esos detalles surgen a raíz de la observación, interés y atención que le pongas a una mujer. Es cuestión de creatividad, de no aburrirte de querer sorprenderla, de valorarla y saber que ella haría eso y más por ti.

#HazlaSonreír

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Lo difícil de perdonar

Lo difícil de perdonar no es perdonar a otros, es perdonarte a ti.

Te golpeas constantemente, pensando en las 1,000 maneras en las cuales pudiste haber hecho las cosas diferentes y ¿de qué sirve? Una vez se ha cometido un error pequeñito, mediano o grande; no hay forma de volver atrás. Es la actitud que tenemos ante estos errores lo que determinará nuestra vida y estado de ánimo en adelante.

Sentirse molesto por haber cometido un error es algo válido, totalmente normal y hasta constructivo, sin embargo, no podemos recalcarnos a nosotros mismos una y otra vez el mismo error, más bien, preguntarnos ¿qué puedo hacer respecto a esto? Si encuentras respuestas para redimirte, significa que es un error enmendable y si es algo que no puedes enmendar pues por lo menos puedes ser responsable al respecto.

Lo importante es que sin tomar en cuenta la magnitud o naturaleza de error, luego de arrepentirte y pedirte perdón a ti mismo, entiendas que eres humano y errar contribuye a tu vida porque te hace más sabio. Errar te permite descubrir una forma de no hacer las cosas, saber cuando estás incorrecto, te obliga a ser humilde y a ser fuerte porque se requiere de mucho valor para continuar viviendo a pesar de errores que nos toma años perdonarnos.

No perdonarse es tenerse rencor a sí mismo, no perdonarse es clavarse una daga en el pecho, no perdonarse no es sinónimo de mediocridad, perdonarse es estar consciente de que lo más importante de fallar es aprender y que si aprendiste algo ya estás ganando. Exigirte y empujarte a ti mismo no es sinónimo de reclamarte, maltratarte y cuestionarte por qué hiciste algo que ya no puedes devolver. Exigirte es equivocarte y tomar ese error para mejorar la calidad.

Día a día nos equivocamos; tú, todos y yo.

 

 

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Cuando agradeces una herida

Cuando agradeces una herida es cuando te das cuenta que ha sanado. Una herida física no es muy distinta a una herida emocional, al igual que todo en la vida, tiene un proceso por el cual debe pasar.

Una herida emocional al igual que una física, empieza doliendo y termina cicatrizando; algunas veces esa cicatriz deja marcas y otras veces no. Sin embargo, las heridas emocionales pueden tardar años para cicatrizar y esto es lo que las diferencia de las heridas físicas.

Te das cuenta que una herida emocional ha sanado, cuando recuerdas lo que la causó en primer lugar y en vez de sentir dolor, ardor y sufrimiento; sientes agradecimiento.

Te sientes agradecido o agradecida porque esa herida te dió otra perspectiva, porque te hizo más fuerte, más sabio o sabia y porque lo que ayer parecía la herida más profunda, hoy día, te parece la más superficial.

Cuando agradeces haber pasado por X o Y, sin el menor signo de dolor, sin el menor reencor, sin el menor remordimiento es cuando te puedes declarar sano o sana, nada ni nadie podrá abrir esa herida nuevamente.

La pregunta es:

¿Cómo sanar esa apertura en el alma, cómo detener el sangrado en el corazón?

Cada quien toma su propio paso y cada herida tiene su propio curso, sin embargo, a veces es cuestión de perdonar. Perdonarte a ti mismo o a ti misma y a los demás, hacer una introspección y cavar dentro de tu ser, aprendiendo a ver todo desde otra perspectiva y reconociendo todo lo que te ha hecho diferente al ayer.

Sanar es ponderar, es elegir en qué gastar la energía, sanar es dejar ir, sanar es recibir algo positivo, sanar es poner de tu parte y cambiar tus pensamientos desde lo más profundo de tus emociones y sentimientos hasta tu cerebro.

Sanar es vivir mejor.

 

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No te rindas

No quiero aconsejarles cosas de tal forma que parezca que yo las aplico constantemente. Para decirles la verdad, me encuentro en una lucha constante entre lo que sé que debo hacer y lo que mis sentimientos y emociones me dicen que haga. Sin embargo, les puedo decir una cosa: la mayoría de cosas que nos ocurren están fuera de nuestro control mientras que la otra parte ya son responsabilidad nuestra pero cómo reaccionamos y qué decidimos hacer a partir de estos sucesos es lo que definirá nuestras vidas. Este poema de Mario Benedetti que les presentaré habla precisamente de continuar, a pesar del dolor y de la angustia, porque a fin de cuentas estar vivo es respirar belleza, porque estar vivo es comenzar de nuevo todos los días. Aquí les comparto un video: