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¿Cómo ser exitoso?

El dinero es el medio que nos permite entrar o salir, adquirir o vender, en fin, el dinero nos permite poseer ¡Hasta la mayoría de experiencias cuestan dinero! Un viaje, una cena romántica, el agua que te quita la sed, el concierto de tu cantante favorito… Es por esto que, constantemente, el éxito se mide por el dinero; es una regla proporcional, mientras más dinero tienes más bienes y servicios adquieres por ende «más feliz eres». Sin embargo, dentro de la poca experiencia que tengo dentro de mi gran inexperiencia, me he dado cuenta que lo financiero es el «medio», no el fin. Ya sé, seguro piensas que soy una hippie, quizás puedes pensar que no tengo los pies sobre la tierra o que posiblemente tengo todos mis problemas resueltos y por eso pienso así. La verdad es que no, no estoy cerca de tener mis problemas resueltos, financieramente quiero estar mejor (incluso ha sido motivo de estrés durante los últimos días) y soy una defensora de que todo el mundo debería tener progreso económico.

Me remonto a los tiempos del paleolítico a unos 2 millones de años atrás, el homo habilis, especie que según la evolución del hombre fue el primero en utilizar herramientas de piedra, buscaba maneras hábiles de sobrevivir y de allí viene su nombre. No somos tan distintos de esa especie aunque le llevamos millones de años de evolución, cambia la manera y los recursos que utilizamos pero en el fondo, seguimos buscando la supervivencia. Soy la persona menos indicada para hablarte de cómo conseguir el éxito, lo que sí puedo decirte es que como especie humana estar vivo es el inicio y que tienes la capacidad de idear mecanismos para seguir estando vivo por mucho tiempo más. El éxito para mí es qué tan bien estás logrando vivir no en proporción de cuántos bienes adquieres o cuántas deudas solventaste, sino, en relación a la manera en que te enfrentas a todas estas situaciones y retos ideando maneras de resolverlos sin perder de vista el paisaje que tienes en frente.

El homo habilis no tenía celular, ni computadora, ni siquiera libros para entretenerse. Estoy segura que lo que lo motivaba a encontrar maneras de sobrevivir era la preservación de su especie, su familia y sus amigos porque aunque no poseía «lengua» para poner nombre a eso que sentían, algo dentro de sí mismos les decía que era importante seguir viviendo. El paisaje, el amor y la naturaleza aún no teniendo nombre eran perceptibles por los sentidos y no es distinto a lo que tenemos hoy, el éxito es poseer el hoy y el ahora; sin importar las ráfagas y los vientos. Vivir en un mundo de depredadores y aún salir de la cueva a cazar habilidosa y dignamente el pan de cada día, eso es éxito.

 

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La Verdadera Motivación.

Aprovecho este medio para expresar mis ideas con el mundo, con mi país o con el pequeño grupo de personas que me siguen (quizás con todos al mismo tiempo). Me lleno de orgullo cuando veo gente trabajando duro y no me refiero a puestos gerenciales solamente ni a los ejecutivos que visten de traje y calzado formal, también hablo de aquellos que recorren las avenidas de cabo a rabo, bajo sol o lluvia, buscando dignamente el pan de cada día, vendiendo lo que pueden (frutas, cargadores de celulares, lentes, maníes, etc…). Siento una profunda admiración por las personas que se ganan lo mucho o poco que tienen con esfuerzo, algunos usan en mayor medida sus pies, otros las manos y otros, sus mentes; de manera paulatina y como hormiguitas, cada uno se levanta con una motivación intrínseca de superarse todos los días.

Resultados… Todo el mundo quiere resultados, las empresas con sus estados financieros y el ROI, el que trabaja con los bienes que puede adquirir, los profesores en las universidades, los que se enamoran y lo que buscan obtener… Positiva y negativamente, nuestras acciones son medidas en resultados y muchas veces esos resultados deben ser inmediatos por presión tanto interna como externa, no hay tiempo para tomar tiempo y no hay tiempo para esperar en la espera. Siento que las corrientes buscan empujarnos hacia un comportamiento automático donde hacemos las cosas porque es lo que se espera que hagamos y desconocemos el por qué lo hacemos y entonces, aquella motivación intrínseca que mencioné anteriormente, se difumina y se esconde detrás de la rutina y perdemos posteriormente la pasión y el sentido de lo que estamos haciendo.

Trabajamos para obtener resultados pero para qué y por qué queremos esos resultados son las preguntas que nos debemos hacer… Convertirnos en grandes marcas, tener mayores volúmenes de ventas, ser el mejor empleado, ganar mayor comisión o buscar los 100 pesos para la comida de hoy; son algunos de los objetivos que la gente que tanto admiro se fija diariamente. Sin embargo me pregunto ¿Estamos poniendo amor en lo que hacemos? ¿Estamos agradecidos? ¿Realmente tenemos un propósito claro distinto a los resultados inmediatos que queremos? ¿Cuál es la visión a largo plazo? ¿Lo que hacemos dejará una huella positiva para nuestra sociedad? ¿Estamos utilizando el poder correctamente?

No importa qué oficio (siempre y cuando sea digno) tenemos, importa cómo lo hacemos. No importa si no tenemos resultados inmediatos, lo que realmente importa es el amor y la pasión con que lo hacemos porque a la larga, la vida es una carrera de resistencia y no de velocidad. Si no estás apasionado o apasionada por lo que haces, te invito a que sigas buscando porque al final, no importará cuánto vendiste ni cuánto ganaste sino lo que sentiste en el proceso de conseguir esos resultados.

La motivación es necesaria para evitar la rutina y la automatización de nuestro comportamiento, no somos robots, somos humanos.

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Fuente de foto: http://www.pexels.com

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Ausencia de luz.

La ausencia de luz es conocida como oscuridad y como el hombre no puede vivir en la oscuridad decidió inventar un objeto llamado «bombillo» cientos de años atrás. Es curioso mencionar la palabra «luz», en un mundo cada vez más violento y menos compasivo, cada vez más egoísta y alejado del «paraíso» que fue diseñado para ser. Sin embargo, así como Thomas Alba Edison inventó el bombillo para combatir la oscuridad, entiendo que, en un mundo que parece tornarse cada vez más oscuro, solo nuestra luz interna podrá contrarrestar este fenómeno; quizás suene irónico pero es que para que exista la luz debe existir la oscuridad.

Hay un libro llamado «Manual del Guerrero de la Luz» de un famoso escritor que lleva como nombre Paulo Coelho que en la página 41 dice:

«Todo guerrero de la luz ya tuvo alguna vez miedo de entrar en combate, todo guerrero de la luz ya traicionó y mintió en el pasado. Todo guerrero de la luz ya recorrió un camino que no le pertenecía. Todo guerrero de la luz ya sufrió por cosas sin importancia. Todo guerrero de la luz ya creyó que no era un guerrero de la luz. Todo guerrero de la luz ya falló en sus obligaciones espirituales. Todo guerrero de la luz ya dijo que sí cuando quería decir que no. Todo guerrero de la luz ya hirió a alguien a quien amaba.

Por eso es un guerrero de la luz; porque pasó por todo eso y no perdió la esperanza de ser mejor de lo que era».

Un guerrero es el participante de un combate o guerra y a su vez, una guerra es un conflicto, una disputa, una discordancia; es decir que, ser guerrero de la luz implica librar una batalla en contra de algo y ese algo es la oscuridad. Detrás de toda oscuridad o situación de dificultad se encuentra una enseñanza o lo que en mi creencia llamamos «bendición». Si vemos las noticias podemos darnos cuenta de la oscuridad de la cual hablo, si vemos las discordias e injusticias que ocurren diariamente en nuestro país definitivamente sentiremos la oscuridad aunque estemos en plena calle con el tremendo sol y calor del mediodía.

Hoy tomé una decisión mientras manejaba y fue conectar mi lámpara interior a la regleta de la vida y enchufar la regleta al mundo, tomé la decisión de ser más grande que mis adversidades porque confío en un Poder superior al mío, decidí que las situaciones difíciles y oscuras no podrán vencer mi luz porque la necesidad de luz que tengo es tan clara que hasta Thomas Alba Edison también la sintió. Tomé la decisión de no hacerme víctima de mis circunstancias y más bien preguntarme a mí misma qué puedo hacer al respecto. Hoy entiendo más que antes, que los desiertos atravesados te llevan al sendero del agua y que si muero de sed a mitad del camino mi espíritu viajará hacia allí; porque al final, no cuenta si mi cuerpo llegó o no, cuenta más cuanto luché para llegar.

En la lucha, en la búsqueda constante de agua que quite la sed del mundo, encontraré la luz. Encontraremos la luz en el momento que decidamos mirar lo que sí tenemos y no lo que nos falta, encontraremos luz en la medida que la busquemos, en la medida que queramos descubrirla tal y como Thomas Alba lo hizo a través del bombillo, porque a través de él proyectó lo que para él representaba la luz y gracias a eso, no importa si es de noche, tenemos pequeñas réplicas de luz de día.  Tú y yo, somos guerreros de la luz porque a pesar de la oscuridad, no pensamos ni vamos a darnos por vencidos.

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Libertad

La libertad según la Real Academia Española es el estado o condición de quien no es esclavo; es decir, que la libertad es vista como la ausencia de la privación, exclusión y prohibición. Sin embargo, la libertad es más que el antónimo de estar preso, la libertad es más que estar exento de sujeciones y subordinaciones; la libertad es más que hacer lo que me da la gana cuando me da la gana porque ni siquiera hacer lo que me da la gana me garantiza ser libre.

Libertad para mí es dejar ganar lo que se tiene que ganar y dejar perder lo que se tiene que perder. Libertad es eso que sientes cuando miras las hojas de los árboles mecerse al compás del viento, libertad es el instante entre el futuro y el pasado que nos acorrala. Exactamente eso es la libertad, un resquicio, una ventana, un pasillo, un espacio comprendido entre 2 paredes; la libertad es un respiro entre tanto ruido, es un encuentro con el silencio; la libertad es la compañera de la calma. La libertad se usa muchas veces  para definir un estado, por ejemplo: «soy libre» y yo me pregunto ¿Realmente somos libres? Claro, existen muchos tipos de libertades; iniciando por aquellas que históricamente dividieron las naciones de quienes fueron sus colonizadores y continuando con aquellas libertades que hoy en día permiten la expresión, el arte, el voto femenino, la igualdad de género, la democracia, etc.  Yo digo que podemos poseer todas estas libertades y aún así continuaré preguntándome ¿Realmente somos libres?

Lo que quiero decir es que, en mi teoría, hay libertades externas que nos permiten desarrollarnos como individuos dentro de una sociedad, sin embargo, hay una libertad interna que dudo pueda poseerse en un 100 porciento jamás y esta libertad se refleja en el exterior y afecta, a su vez, las demás libertades. Internamente, somos una combustión de pensamientos, emociones y experiencias, aún siendo liberados de la esclavitud externa, internamente, somos esclavos de nosotros mismos y a su vez; la esclavitud dentro de cada uno de nosotros (manifestada de distintas maneras) se refleja en el exterior (en nuestras acciones para con los demás) y este reflejo, es lo que influye de manera paralela en la sociedad y esta sociedad (como parte de un ciclo) incide nuevamente en nuestra libertad interna.

¿Realmente somos libres? Tenemos «democracia», tenemos un carro con «gasolina», tenemos «casa», tenemos «comida», tenemos «educación», tenemos «gente» entre muchas otras y cada una de estas libertades parece concedernos nuestra libertad absoluta pero no, no es así. Somos esclavos del constante ruido interior, de nuestros vacíos existenciales, de nuestro egoísmo, de las presiones sociales, del estrés, de la duda, de la angustia, de la tristeza, del dolor; nuestra libertad interna es concedida y arrebatada una y otra vez, es fugaz. La libertad absoluta que es aquella que proviene de nuestro interior, se vive por momentos; es aquella que se consigue cuando dejamos ganar lo que se tiene que ganar y dejamos perder lo que se tiene que perder; ganar lo que se tiene que ganar es ser justo, es ser solidario, es dejar el egoísmo, es defender sus derechos, es asumir responsabilidad, es tener lo necesario (contrario a la ambición y la avaricia), es dejar de pisotear a otros para brillar más, es tener menos poder y más influencia, es trabajar duro por nuestros sueños, es ser fiel a ti mismo, es querer lo mejor para los demás; mientras que, dejar perder lo que se tiene que perder es aceptar la derrota, dejar ir lo que no puedes controlar, tener fe en aquello que no puedes entender, buscar menos culpables y más soluciones, hablar menos y hacer más, perder una pelea y conservar la paz…

Nunca seremos realmente libres hasta que la humanidad resuelva el conflicto entre su alma, pensamiento y carne; nunca seremos libres hasta que la humanidad asimile que la humanidad somos todos. Internamente, vivimos en una lucha constante por encontrar silencio porque sin importar cuantas libertades externas tengamos no parece ser suficiente. La libertad absoluta y verdadera viene de adentro hacia afuera y si habrá algo de lo que nunca podremos librarnos es de nosotros mismos puesto que nuestro ser es una combinación de mente, cuerpo y espíritu y este trío al funcionar, nos crea confusión y nos hace presos del lugar que desarrollamos más, por esto es que, la verdadera libertad viene y va por momentos y solo la consiguen para siempre aquellos que encuentran el perfecto balance.

 

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Discurso a la humanidad

Gira otra vez la manecilla del reloj, ella está en clase y ya quiere que sea la hora de salir. El profesor habla, habla y habla y ella parece que escucha, escucha y escucha cuando en realidad, lo único que quiere es que sea la hora de salir. El dijo que la esperaría a las 6:00, en el mismo lugar de siempre; eran las 4:10 y la clase apenas acababa de comenzar, su cabeza daba vueltas y vueltas siempre regresando al mismo lugar, ella quería que llegara la hora de salir. Es normal que una chica de 18 años esté enamorada y mucho más normal es que encuentre cualquier distracción para no atender a clase, fuera de lo común sería valorar el presente.

Normal es, que tú y yo, sólo queremos que las manecillas del reloj avancen; siempre esperando a que sea «más tarde» porque el presente nos parece absurdo y porque encontramos cualquier distracción para evadir la realidad. La realidad, ahora mismo, es que el mundo está falta de amor. Todos los días escuchamos en las noticias que hubo un ataque, que mataron a tantos a cambio de un celular, que se robaron unos millones, etcétera etcétera… Yo digo que todo esto es por falta de amor; no es cuestión de religión, raza, nacionalidad o género; radica en nosotros los habitantes de la Tierra un individualismo que ciega, egoísmo que nos hace irrespetar los derechos de los demás. Desde el principio de la humanidad ha existido el bien y el mal pero estamos en un momento donde de 20 personas 15 tienen malas intenciones y 5 intentan ser mejores seres humanos todos los días. ¿Cómo pretendemos que una sociedad avance rápidamente, cuando la velocidad la determina el grupo mayoritario?

Propongo sembrar y propongo difundir el amor porque quien ama respeta y quien respeta tiene paz.  Les propongo sembrar a su alrededor por lo menos en 1 persona diaria para que a su vez, ella sea una multiplicadora y pueda sembrar en otro. Si de 20 personas, 5 siembran en un día el amor en otro ser humano, ese día se convertirían en 10 personas y si esas 10 a su vez siembran al siguiente día el amor cada una en otro ser humano, se convertirían en 20 personas, tan sólo al 3er día se convertirían en 40 personas multiplicando el bien en la sociedad; lo cual, en su defecto, superaría la cantidad de personas con malas intenciones. Ahora, mi pregunta es la siguiente:

¿Sigues esperando que las manecillas del reloj avancen?

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De sol a sol

Aquí estoy yo, pensando en maestría y en lo que haré con mi futuro porque yo sí, a la diferencia de muchos, tengo posibilidades y herramientas en mis manos que podrán propulsar mi desarrollo. Era una mañana como las demás, llena de tráfico, contaminación y tensión en las calles; me detengo ante el semáforo y veo a este señor de más de 60 años (o quizás la poca calidad de vida lo hace ver mayor), agachado, cabizbajo con el sol candente sobre su cabeza y me pregunté:

¿Cuánto gana él por hacer ese trabajo?

Vendrán los realistas a decirme que la vida es así que porque él no es una persona preparada no puede ganar más de ahí, que ese es el trabajo que le toca hacer… La lista de argumentos continúa y continúa. Me infla el pecho de orgullo ver que hay gente que se levanta todos los días a ganarse dignamente el dinero (por lo menos) de la comida; no importa si ocupa un puesto gerencial o si usted es un frutero, trabajo es trabajo. Es más, me atrevo a decir que miles de dominicanos que no han tenido la oportunidad de educarse, que no usan saco y corbata, que no ocupan puestos gerenciales y directivos; trabajan más duro que cualquiera.

Sí, así tal cual lo lees, me atrevo a decirlo. No he hecho estadísticas ni estudios de la población para serte sincera pero es que no se necesita de mucha ciencia para reconocer lo que se evidencia ante nuestros propios ojos. Yo que estoy pensando en una maestría desde la comodidad de mi hogar, no haría el trabajo que hace el agricultor que cultivó el arroz que me comí hace un rato; yo quizás podría cultivar mis propios alimentos para mí y mi familia, pero no en la misma magnitud que lo hace un agricultor ya que a eso se dedica, él conoce lo que es el dolor, sudor, calor y el desprecio.

Tantos empleos que no se consideran «empleos» y más bien «esclavitudes» disfrazadas de «lástima» y no verdadera compasión, tantos empleos como el de este señor agachado aquí, para que el suelo no dañe las gomas de tu carro, para que el negocio se vea más bonito, para no robar ni hacer lo mal hecho y tener un oficio que le permita vivir dignamente. Tantos dominicanos trabajan más que los que «trabajan», tienen menos y tienen mucho más, porque conocen el valor de lo que verdaderamente importa y al final, solo buscan unos cientos de pesos para tener qué comer.

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Un camino recto hacia el sol.

¿Qué tal si existiera un camino recto hacia el sol? Un camino sin sombras ni tropiezos, sin grandes escalas, sin colinas; solo llanuras que lleven directamente al destino: el sol. ¿Nos motivaría caminar aún sabiendo donde llegaremos? ¿Valoraríamos acaso la luz? ¿Sabríamos lo que es la oscuridad? Una línea recta, de esas que puedes recorrer a gran velocidad suena fascinante cuando venimos de un mundo donde el tráfico, las rutas, los retos, la espera, la paciencia; todo, absolutamente todo, requiere de aumentar y disminuir la velocidad constantemente.

Imaginemos un camino sin obstáculos, tan plano pero tan plano como el vientre de una joven en pleno apogeo, tan plano como una tabla de planchar, tan plano como los planos ¿Sería atractivo? Casi siempre pareciera esto ser más atractivo a la vida que vivimos pero si realmente nos detenemos a pensar en ello ¿Qué sentido tendría la vida si supiéramos todas las respuestas? ¿Qué motivación habría si el destino final, allá en el Norte se puede ver claramente? ¿Cómo saber lo que es luz si no hay oscuridad? Ese es el punto; que a veces quisiéramos estar siempre andando en la claridad, sin pisar piedras, sin subir colinas y mucho menos caer por una ladera.

Un camino recto hacia el sol suena idóneo para esos días donde queremos respuestas rápidas, donde la impaciencia se apodera de nosotros, las situaciones nos agobian, cargamos el pasado y el miedo al futuro comete homicidio matando el presente. Un camino recto hacia el sol deja de ser idóneo cuando nos damos cuenta que lo que nos mueve es precisamente la incertidumbre al caminar; porque de existir un camino recto, plano y perfecto aseguro que nosotros mismos nos encargaríamos de romper con tanta estabilidad simplemente porque somos seres de constante movimiento.

 

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A letter for the bad days.

Dear bad day:

I know it’s messed up I talk to you from a good day, it’s selfish and you probably think I won’t understand you but I’m telling you this for your sake: you won’t live forever. I know it feels like you have no end, like you keep getting worse each passing hour but I’m telling you this for your sake: you won’t live forever. I know, it’s not good to make comparisons somehow you’ve taught me that but unlike you, good days like me have a special way of sticking in people’s minds and endure throughout time while days like you, are not remembered in the same way, they are somehow abandoned somewhere inside the brain and good days like me, we are kept not only in the brain but also inside the heart.

So I’m telling you this for your sake even if it sounds too ego centered from a good day like me: you won’t live forever. Bad days like you are wannabe’s since you are not as bad as you think you are, you somehow leave a lesson and even though you make yourself blind towards all beautiful things in life, they will keep on existing, no matter how ugly you get. Days like me are honest and transparent because you can’t really fake happiness while days like you are sometimes a result of what people do to hurt others without any compassion and some other times days like you are just a result of the battle everybody carries inside their bodies but somehow you won’t live forever. I’ll tell you a dirty little secret: I’m not going to live forever either because you and I, me and you, we are team and only the outcome of the both of us has the power to live forever.

Our outcome can make history, our outcome can go on from one generation to the other, our outcome can build men and women’s character because they’ll take us as inspiration towards the best version of themselves, our outcome is greater than what we are individually; together, united, we have the power to turn lived time into an asset, no matter who’s turn it is (bad day or good day); we know for sure we won’t live forever but the result of the both of us can stick around for centuries it only depends on those who live us.

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Pásala.

¿ Y si viéramos la vida como una antorcha?

Si nos detenemos a pensar en el tiempo, nos daríamos cuenta de que todos tenemos un límite; si pensamos solamente en vivir el momento entonces quizás el mañana ni siquiera estaría en el mapa. Me pregunto qué tal fuera la vida si la viéramos como una antorcha, una que se enciende en cada uno de nosotros y su fuego nos da vida pero esa antorcha tiene un propósito: pasar a otras manos.

Nuestro paso por la tierra es pasajero pero aún sin nuestra existencia ella seguirá su curso y otras generaciones vendrán ¿Qué queremos dejar a dichas generaciones? ¿Pasaremos la antorcha con orgullo?

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