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Libertad

La libertad según la Real Academia Española es el estado o condición de quien no es esclavo; es decir, que la libertad es vista como la ausencia de la privación, exclusión y prohibición. Sin embargo, la libertad es más que el antónimo de estar preso, la libertad es más que estar exento de sujeciones y subordinaciones; la libertad es más que hacer lo que me da la gana cuando me da la gana porque ni siquiera hacer lo que me da la gana me garantiza ser libre.

Libertad para mí es dejar ganar lo que se tiene que ganar y dejar perder lo que se tiene que perder. Libertad es eso que sientes cuando miras las hojas de los árboles mecerse al compás del viento, libertad es el instante entre el futuro y el pasado que nos acorrala. Exactamente eso es la libertad, un resquicio, una ventana, un pasillo, un espacio comprendido entre 2 paredes; la libertad es un respiro entre tanto ruido, es un encuentro con el silencio; la libertad es la compañera de la calma. La libertad se usa muchas veces  para definir un estado, por ejemplo: «soy libre» y yo me pregunto ¿Realmente somos libres? Claro, existen muchos tipos de libertades; iniciando por aquellas que históricamente dividieron las naciones de quienes fueron sus colonizadores y continuando con aquellas libertades que hoy en día permiten la expresión, el arte, el voto femenino, la igualdad de género, la democracia, etc.  Yo digo que podemos poseer todas estas libertades y aún así continuaré preguntándome ¿Realmente somos libres?

Lo que quiero decir es que, en mi teoría, hay libertades externas que nos permiten desarrollarnos como individuos dentro de una sociedad, sin embargo, hay una libertad interna que dudo pueda poseerse en un 100 porciento jamás y esta libertad se refleja en el exterior y afecta, a su vez, las demás libertades. Internamente, somos una combustión de pensamientos, emociones y experiencias, aún siendo liberados de la esclavitud externa, internamente, somos esclavos de nosotros mismos y a su vez; la esclavitud dentro de cada uno de nosotros (manifestada de distintas maneras) se refleja en el exterior (en nuestras acciones para con los demás) y este reflejo, es lo que influye de manera paralela en la sociedad y esta sociedad (como parte de un ciclo) incide nuevamente en nuestra libertad interna.

¿Realmente somos libres? Tenemos «democracia», tenemos un carro con «gasolina», tenemos «casa», tenemos «comida», tenemos «educación», tenemos «gente» entre muchas otras y cada una de estas libertades parece concedernos nuestra libertad absoluta pero no, no es así. Somos esclavos del constante ruido interior, de nuestros vacíos existenciales, de nuestro egoísmo, de las presiones sociales, del estrés, de la duda, de la angustia, de la tristeza, del dolor; nuestra libertad interna es concedida y arrebatada una y otra vez, es fugaz. La libertad absoluta que es aquella que proviene de nuestro interior, se vive por momentos; es aquella que se consigue cuando dejamos ganar lo que se tiene que ganar y dejamos perder lo que se tiene que perder; ganar lo que se tiene que ganar es ser justo, es ser solidario, es dejar el egoísmo, es defender sus derechos, es asumir responsabilidad, es tener lo necesario (contrario a la ambición y la avaricia), es dejar de pisotear a otros para brillar más, es tener menos poder y más influencia, es trabajar duro por nuestros sueños, es ser fiel a ti mismo, es querer lo mejor para los demás; mientras que, dejar perder lo que se tiene que perder es aceptar la derrota, dejar ir lo que no puedes controlar, tener fe en aquello que no puedes entender, buscar menos culpables y más soluciones, hablar menos y hacer más, perder una pelea y conservar la paz…

Nunca seremos realmente libres hasta que la humanidad resuelva el conflicto entre su alma, pensamiento y carne; nunca seremos libres hasta que la humanidad asimile que la humanidad somos todos. Internamente, vivimos en una lucha constante por encontrar silencio porque sin importar cuantas libertades externas tengamos no parece ser suficiente. La libertad absoluta y verdadera viene de adentro hacia afuera y si habrá algo de lo que nunca podremos librarnos es de nosotros mismos puesto que nuestro ser es una combinación de mente, cuerpo y espíritu y este trío al funcionar, nos crea confusión y nos hace presos del lugar que desarrollamos más, por esto es que, la verdadera libertad viene y va por momentos y solo la consiguen para siempre aquellos que encuentran el perfecto balance.

 

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