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De sol a sol

Aquí estoy yo, pensando en maestría y en lo que haré con mi futuro porque yo sí, a la diferencia de muchos, tengo posibilidades y herramientas en mis manos que podrán propulsar mi desarrollo. Era una mañana como las demás, llena de tráfico, contaminación y tensión en las calles; me detengo ante el semáforo y veo a este señor de más de 60 años (o quizás la poca calidad de vida lo hace ver mayor), agachado, cabizbajo con el sol candente sobre su cabeza y me pregunté:

¿Cuánto gana él por hacer ese trabajo?

Vendrán los realistas a decirme que la vida es así que porque él no es una persona preparada no puede ganar más de ahí, que ese es el trabajo que le toca hacer… La lista de argumentos continúa y continúa. Me infla el pecho de orgullo ver que hay gente que se levanta todos los días a ganarse dignamente el dinero (por lo menos) de la comida; no importa si ocupa un puesto gerencial o si usted es un frutero, trabajo es trabajo. Es más, me atrevo a decir que miles de dominicanos que no han tenido la oportunidad de educarse, que no usan saco y corbata, que no ocupan puestos gerenciales y directivos; trabajan más duro que cualquiera.

Sí, así tal cual lo lees, me atrevo a decirlo. No he hecho estadísticas ni estudios de la población para serte sincera pero es que no se necesita de mucha ciencia para reconocer lo que se evidencia ante nuestros propios ojos. Yo que estoy pensando en una maestría desde la comodidad de mi hogar, no haría el trabajo que hace el agricultor que cultivó el arroz que me comí hace un rato; yo quizás podría cultivar mis propios alimentos para mí y mi familia, pero no en la misma magnitud que lo hace un agricultor ya que a eso se dedica, él conoce lo que es el dolor, sudor, calor y el desprecio.

Tantos empleos que no se consideran «empleos» y más bien «esclavitudes» disfrazadas de «lástima» y no verdadera compasión, tantos empleos como el de este señor agachado aquí, para que el suelo no dañe las gomas de tu carro, para que el negocio se vea más bonito, para no robar ni hacer lo mal hecho y tener un oficio que le permita vivir dignamente. Tantos dominicanos trabajan más que los que «trabajan», tienen menos y tienen mucho más, porque conocen el valor de lo que verdaderamente importa y al final, solo buscan unos cientos de pesos para tener qué comer.

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