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Ojos amarillentos, estómagos grises.

Solo basta con mirar una persona fijamente a los ojos para saber si ha comido algo en todo el día. La cuestión es que a veces no nos queremos detener a mirar, es mejor dirigir los ojos a la dirección opuesta. Las luces de los faroles en las avenidas me iluminan los ojos continuamente, veo los carros a lo largo y me pregunto qué historias hay detrás de las personas dentro de esos carros y entonces, pienso también en las historias de aquellos que probablemente lo único que han comido es un pedazo de pan en todo el día. ¿Será que todo el mundo está tan sumergido en su propia historia que ya no ve la de los demás? o ¿Acaso es mejor dar media vuelta y marcharse? Dar de aquello que nos sobra no es tan difícil como dar de aquello que nos falta. No hay que buscar muy lejos para encontrar ojos amarillentos y estómagos grises, solo basta con preguntar:

¿Has comido algo hoy?

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